“Mi hijo entró sano al Hospital Carlos A. Marín, hoy no camina”

La progenitora de Nachito, de 38 años, pide justicia para él. El niño tiene discapacidad intelectual del 38%, requiere de cuidado permanente y usa pañales a sus cinco años. Las responsables no han sido sancionadas ni despedidas.

“El 27 de noviembre de 2014, a las 07:00, Nachito, mi hijo, que en esa fecha tenía un año y seis meses, entró sonreído al Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), en Quito.  Allí le esperaba la cirujana pediátrica para someterlo a una exploración laparoscópica testicular porque no tenía uno de sus testículos. A las 10h00, Nachito salió a la sala de recuperación. Yo estaba contenta porque  pensé que todo estaba bien con mi hijo.

Cuando él se despertó noté que estaba adolorido.  Tomó un poco de agua y gelatina y lo llevaron a la enfermería. Allí nos indicaron que debíamos ponerle hielo en el ombligo y solo administrarle paracetamol. A las 14:00, le dieron el alta y la cirujana pediátrica dijo que era una intervención de un día, sencilla y no invasiva. Al llegar a la casa, lo acostamos para que descanse.  Intentamos darle de comer, pero vomitó. Nachito estaba pálido, decaído, adolorido y frío. Su vómito era más frecuente y de color verde.

Nos asustamos y lo llevamos al Hospital Padre Carolo, cerca de la casa, al sur de Quito. Lo atendieron, le hicieron un examen y la doctora de turno encontró líquido debajo de la vejiga de Nachito. Ella presumió que era peritonitis, trató de hidratarlo y como no estaba el cirujano pediatra de ese hospital pidió trasladarlo al HCAM. Lo llevaron en una ambulancia. Yo estaba angustiada y desesperada, porque mi hijo estaba peor. Ya en el HCAM  y pese a la situación de gravedad de mi hijo, no lo atendieron enseguida. Me pidieron hacer la gestión administrativa para que lo reciban. 

La cirujana pediatra llegó  y al ver el estado de mi niño se movilizaron y lo llevaron a la unidad de emergencia. Después salió y me contó lo que había pasado. Ella presumía que durante la exploración laparoscópica testicular olvidó un pedazo de bata que se utiliza para la operación y eso causó la obstrucción. Ella nos pidió autorización para operar a Nachito por segunda ocasión y de urgencia. El padre de mi hijo y yo aceptamos. A las 18:00, la cirujana pediatra me informó que en la primera intervención perforó el intestino del niño.

Nos explicó que mi hijo llegó con una infección generalizada, muy grave y que fue trasladado a cuidados intensivos. En la noche, la doctora del turno, aproximadamente, a la 01:00, nos dijo que el niño tenía alta probabilidad de no sobrevivir. Sentí que me moría, estábamos desesperados y no creíamos en eso. Porque nuestro hijo llegó caminando al hospital, estaba saludable y tenía un desarrollo normal. Al día siguiente vi a mi hijo conectado a muchas máquinas,  tenía agujas en todos lados y me extrañó que tuviera  ambas piernas vendadas, desde las rodillas hasta los pies. Le pregunté a la doctora de turno y ella me dijo que le habían producido quemaduras. Me sentí aturdida porque nadie nos alertó sobre eso. 

Averiguamos y nos informaron que una auxiliar de enfermería colocó compresas calientes  en las piernas de  mi niño porque tenía una baja térmica. Pero esas compresas le provocaron quemaduras de tercer grado; en el pie derecho se le veía el hueso. Para curar esas heridas, mi niño necesitó varias operaciones, piel artificial y un auto injerto de su propia pierna derecha. Suponemos que la auxiliar  se retiró a otras labores en el mismo reparto, cuando su deber era permanecer al lado de la cama de mi hijo. La doctora  trabajaba en el computador, mientras mi hijo se quemaba. Y la enfermera estaba pendiente de otros pacientes y no de él. Es increíble porque Nachito estaba sedado y no podía avisarles que se estaba quemando.

Hasta hoy no me explico cómo se descuidaron de mi hijo de tal forma. Se supone que en cuidados intensivos el paciente está mejor atendido, más aún cuando Nachito ingresó por segunda vez en el hospital por la negligencia médica de la cirujana pediatra. Se hizo una auditoría sobre el caso y nos informaron que la cirujana pediatra utilizó instrumental de adulto para practicarle la exploración laparoscópica testicular. Pero ella nunca nos contó que usaría ese instrumental. Tenía que decirnos para llevarlo a otro hospital. ¿Qué clase de profesionales de la salud trabajan de esa forma? Mi hijo estuvo a punto de morir por esa negligencia médica. Los días posteriores a esa segunda operación fueron dolorosos y difíciles.

Él estaba grave y en cuidados intensivos. Allí pasó un mes y medio y  se presentaron otras complicaciones. Nachito se contagió de neumonía y le pusieron un tubo que llegaba a su pulmoncito. Tuvo un paro respiratorio y el neurólogo nos dijo que tuvo afectación neurológica.   Nosotros teníamos que comprar hasta  medicamentos muy costosos porque el hospital no los tenía.  No hay palabras para expresar todo el dolor que padeció mi niño. Al salir de cuidados intensivos, no podía masticar alimentos ni mantener su cabeza recta, no fijaba bien la mirada.

No podía caminar debido a los injertos y las intervenciones quirúrgicas.  Salió como un muñequito de trapo y su recuperación es un proceso muy largo que sigue hasta hoy. Tiene terapia de lenguaje, física y ocupacional. También sufrió un retroceso psicomotor y ha sido necesario enseñarle todo de nuevo, como si fuera un bebé.   Hicimos la denuncia porque nuestro hijo entró en el hospital en perfectas condiciones y casi le quitan la vida. El proceso legal inició en enero de 2015. El 13 de febrero de 2019 llegó a la primera audiencia preparatoria de juicio, con las implicadas: la cirujana pediatra, la doctora internista, la auxiliar y la enfermera de turno de esa noche. Pero la Justicia le concedió el sobreseimiento a la cirujana pediatra. Su abogado defensor es Juan Pablo Albán, el que ha luchado por los derechos humanos. No lo podíamos creer, el juez se inclinó por los derechos de la procesada y no por los de la víctima, mi hijo. No notificaron a nuestro abogado y no pudimos apelar la decisión del juez. Como padres nos sentimos tan desprotegidos.  La jueza reinstaló la audiencia  el sábado 16 de febrero. Y decidió que el proceso regrese a la preparatoria de juicio porque había irregularidades.

Ella consideró que hubo vicios en el proceso, pero el padre de mi hijo y yo estamos muy preocupados porque ya han transcurrido cinco años. Regresar a la formulación de cargos es riesgoso porque el caso puede prescribir y cerrarse. Eso sería terrible para nosotros que hemos luchado tanto. Tendrían que asignar un nuevo fiscal y empezar desde cero.  Estoy indignada, mortificada, Nachito tiene doble vulnerabilidad, por ser menor de edad y además por haber obtenido ciertas discapacidades por negligencias médicas. Se vulneran los derechos de mi hijo, me desconcierta la actuación de la Justicia porque tarda tanto en este proceso. Mi hijo es víctima  de un daño irreparable, no puede caminar solo, depende del cuidado de una persona y no tiene una vida normal.  ¿Qué más razones tenemos para que la Justicia actúe con honestidad y transparencia?  Me duele hablar del tema porque es mi único hijo, a quien he cuidado tanto.  Entregué a mi niño en perfectas condiciones para que le hagan un procedimiento. Pero sigo clamando Justicia por Nachito.

Él tiene una discapacidad intelectual del 38%, necesita apoyo y respeto. Pero, sobre todo, que la Justicia actúe con honestidad, agilidad y transparencia. La cirujana pediatra, la auxiliar, la enfermera y la internista siguen su vida con total normalidad y con sus trabajos. El hospital no hizo nada por este caso, nunca nos ayudó con los medicamentos ni despidió a las responsables de esta tragedia.  Soy docente y tuve que dejar de trabajar y perdí la oportunidad de presentarme en un concurso de merecimientos, por tener que cuidar a Nachito.  Todo se desplomó, la  internista  nos dijo que había una alta probabilidad de que  no sobreviva. Pero Nachito luchó como un guerrero y es un ejemplo de vida y de fortaleza para mí. Las responsables de este daño irreparable tienen una vida normal y no han sido sancionadas. Pido justicia para mi hijo”.

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